viernes, 1 de agosto de 2014
Cementerio de animales. Stephen king
Church estaba allí otra vez, como Louis Creed temía y deseaba. Porque su hijita Ellie le había encomendado que cuidara del gato, y Church había muerto atropellado. Louis lo había comprobado: el gato estaba muerto, incluso lo había enterrado más allá del cementerio de animales. Sin embargo, Church había regresado, y sus ojos eran más crueles y perversos que antes. Pero volvía a estar allí y Ellie no lo lamentaría. Louis Creed sí lo lamentaría. Porque más allá del cementerio de animales, más allá de la valla de troncos que nadie se atrevía a trasponer, más allá de los cuarenta y cinco escalones, el maligno poder del antiguo cementerio indio le reclamaba con macabra avidez…
Trilogía Hex Hall 3 : Embrujo. Rachel Hawkins
Justo cuando Sophie Mercer empezaba a aceptar sus extraordinarios poderes mágicos como demonio, el Concilio Prodigium se los arrebata. Ahora se encuentra sola, indefensa y a la merced de sus enemigas, las Brannick. O al menos así lo cree Sophie, hasta que hace un descubrimiento inesperado: las Brannick saben que se avecina una guerra épica, y creen que Sophie es la única con poder suficiente para impedir el fin del mundo.
Trilogía Hex Hall 2 : Desafío. Rachel Hawkins
Creo que marcharme a Londres para someterme a la Extracción no ha sido una buena idea. ¡Yo solamente quería que me quitaran los estúpidos poderes que tengo! Pero aquí parece que todo se está complicando: descubro que en el mundo existen más demonios aparte de mi padre y yo, El Ojo insiste en matarme y debo decidirme por Cal, mi prometido, o Archer, mi… ¿enemigo?
Trilogía Hex Hall 1 : Condena. Rachel Hawkins
Me llamo Sophie Mercer, y soy tan torpe como bruja que mis padres me han enviado a Hex Hall, una institución para jóvenes como yo, que no logran encauzar bien sus poderes. Creen que allí estaré a salvo. ¡Cuánto se equivocan! Sólo llegar, consigo enemistarme con el trío de chicas ¡brujas también! más populares y... ¡enamorarme del novio de una de ellas! que, además... creo que intenta matarme.
Los ojos del perro siberiano. Antonio Santa Ana
Nos quedamos un rato en silencio, envueltos en el perfume de las hierbas hasta que le pregunté:
- ¿Por qué nunca hablamos de Ezequiel?
Apoyó las cosas en el piso con mucha calma. Estiró su mano como para acariciarme. Me miró. Bajó la mano, luego la vista y dijo en un susurro:
- Hay cosas de las que es mejor no hablar.
- ¿Por qué nunca hablamos de Ezequiel?
Apoyó las cosas en el piso con mucha calma. Estiró su mano como para acariciarme. Me miró. Bajó la mano, luego la vista y dijo en un susurro:
- Hay cosas de las que es mejor no hablar.
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